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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Filosofia occidental: No es posible definir la filosofía sin recurrir a su historia. Su concepto es inherente a la misma historia de la filosofía. Se va desarrollando a lo largo del tiempo a través de la secuencia de relatos y escritos, que marcan líneas de continuidad y de Agregado: 09 de JUNIO de 2001 (Por Lic. José Luis Dell Ordine) | Palabras: 17228 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Filosofía > |
|
Trabajo de investigación a cargo del:
Lic. José Luis Dell'Ordine
Buenos Aires - Argentina
dellordine@arnet.com.ar
http://dellordine.ecomundo.com.ar
http://fundaciontm.ecomundo.com.ar
Descripción temática: No es posible definir la filosofía sin recurrir a su
historia. Su concepto es inherente a la
misma historia de la filosofía. Se va desarrollando
a lo largo del tiempo a través de la secuencia de relatos y escritos, que
marcan líneas de continuidad y de ruptura, de posturas semejantes o
antagónicas, utilizando los medios conceptuales, procedimentales y
actitudinales.
INDICE:
1. INTRODUCCIÓN
2. Filosofía Giega
3. Filosofía Helenística
4. Filosofía Medieval
5. Filosofía Moderna y Contemporánea
Ø Conclusión
Ø Bibliografía
Ø Autor
Ø Banners
Desarrollo:
1. INTRODUCCIÓN Filosofía occidental, conjunto de sistemas, doctrinas, teorías y
escuelas de pensamiento que, en el ámbito de la filosofía, se han desarrollado
a lo largo de toda la historia en el espacio geográfico occidental
(entendiéndose por éste el continente europeo y, desde el comienzo de la edad
contemporánea, el americano). Antes de afrontar su estudio, es necesario
limitar el marco disciplinar de la propia filosofía que, en un principio, se
define por ser el estudio racional y crítico de los principios básicos.
Generalmente, la filosofía es dividida en cuatro ramas principales: metafísica
(estudio de la realidad última), epistemología (estudio de los orígenes,
validez y límites del conocimiento), ética (estudio de la naturaleza de la
moral y el juicio) y estética (estudio de la naturaleza de la belleza en las
actividades artísticas). Dos son los principales tipos de investigación
filosófica: el analítico (estudio lógico de los conceptos) y el sintético
(ordenamiento de los conceptos en un sistema unificado).
Según fue utilizado en su origen por los
griegos clásicos, el término filosofía significa la búsqueda del conocimiento
por sí mismo. La filosofía comprende todas las áreas del pensamiento
especulativo e incluye tanto la reflexión sobre las artes como sobre las
ciencias y la religión. Conforme se fueron desarrollando métodos y principios
particulares en las distintas áreas del conocimiento, cada campo adquirió su
propio perfil filosófico, lo cual dio lugar a la filosofía del arte, de la
ciencia y de la religión. El término filosofía se usa de forma popular para
referirse a un conjunto de actitudes y valores básicos respecto a la vida, la
naturaleza y la sociedad (de ahí procede la frase “filosofía de la vida”). Como
las fronteras que separan las distintas áreas del conocimiento son flexibles y
están sujetas a cambio, la definición del término filosofía sigue estando
sometida a controversia.
Para obtener información sobre el
pensamiento filosófico en el Extremo y Próximo Oriente véase Filosofía
china; Islam; Budismo; Taoísmo; Confucianismo.
2. FILOSOFÍA GRIEGA
La filosofía occidental comenzó en Jonia
como una especulación sobre la naturaleza subyacente del mundo físico. En su
forma primera no se distinguía de la ciencia natural, pues los primeros
filósofos eran físicos preocupados por determinar qué puede permanecer tras el
aparente cambio. Los escritos de los primeros pensadores de la filosofía griega
no se han conservado en lo fundamental, excepto algunos fragmentos citados por
Aristóteles y otros autores pertenecientes a épocas posteriores.
2.1. La escuela
jónica
El primer pensador considerado un filósofo
fue Tales de Mileto, originario de esta ciudad, en la costa jónica de Asia
Menor, que vivió a finales del siglo VII a.C. y principios del siglo
VI a.C. Alabado por las generaciones posteriores como uno de los siete
sabios de Grecia, se interesó por los fenómenos astronómicos, físicos y
meteorológicos, y sus investigaciones científicas le llevaron a pensar que
todos los fenómenos naturales son formas diferentes de una sustancia
fundamental (una primera idea sobre el monismo) que él creía era el agua, pues
pensaba que la evaporación y condensación eran procesos universales.
Anaximandro, discípulo de Tales, mantenía que el primer principio a partir del
cual surgen todas las cosas es una sustancia intangible, invisible e infinita
que llamó apeiron (‘lo ilimitado’). Comprendió, sin embargo, que en
todas las cosas se podía encontrar una sustancia no observable, por lo que su
noción de lo ilimitado anticipó la noción moderna de un Universo sin límite.
Esta sustancia, afirmaba, es eterna e indestructible. Debido a su movimiento
continuo, las sustancias conocidas —como calor, frío, tierra, aire y fuego—
evolucionan de una forma ininterrumpida generando a su vez los distintos
objetos y organismos que configuran el mundo que conocemos por los sentidos.
El tercer gran filósofo jónico, Anaxímenes, volvió a
la suposición de Tales de que la sustancia primera es algo conocido y material,
pero mantuvo que ésta es el aire en vez del agua. Creía que los cambios que
experimentan los objetos se pueden explicar en términos de rarefacción y
condensación del aire. De tal modo, Anaxímenes fue el primer filósofo que
explicó diferencias cualitativas en términos de diferencias cuantitativas, un
método fundamental en la ciencia física.
En general, la escuela jónica dio el primer paso
radical desde la explicación mítica de los fenómenos naturales a la exposición
científica; descubrió los importantes principios científicos de la permanencia
de la sustancia, la evolución natural del mundo y la reducción de calidad a
cantidad.
2.2. La escuela
pitagórica
Hacia el año 530 a.C., el filósofo
Pitágoras de Samos fundó una escuela de filosofía en Crotona, en la Magna
Grecia, al sur de Italia, que fue más religiosa y mística que la escuela
jónica. Pretendía conciliar la antigua visión mítica del mundo con el creciente
interés por la explicación científica. El sistema de filosofía resultante —que
se conoció como pitagorismo— aunó las creencias éticas, sobrenaturales y
matemáticas en una visión espiritual de la vida. Los pitagóricos enseñaron y practicaron
un sistema de vida basado en la creencia de que el alma es prisionera del
cuerpo, del cual se libera al morir y se reencarna en una forma de existencia,
más elevada o no, en relación con el grado de virtud alcanzado. El principal
propósito de los seres humanos tendría que ser la purificación de sus almas
mediante el cultivo de virtudes intelectuales, la abstención de los placeres de
los sentidos y la práctica de diversos rituales religiosos. Los pitagóricos
—que descubrieron las leyes matemáticas del tono musical— dedujeron que el
movimiento planetario produce una “música de las esferas” y desarrollaron una
“terapia a través de la música” para lograr que la humanidad encontrara su
armonía con las esferas celestes. Identificaron la ciencia con las matemáticas
y mantuvieron que todas las cosas son reductibles a números y figuras
geométricas. Realizaron grandes contribuciones a las matemáticas, la teoría
musical y la astronomía.
2.3. La escuela de
Heráclito
Heráclito de Éfeso (Jonia), continuando
la búsqueda de la sustancia primigenia que iniciaron los jonios, afirmó que
ésta es el fuego. Observó que el fuego produce cambios en la materia y anticipó
la teoría moderna de la energía. También afirmó que todas las cosas se
encuentran en un estado de flujo continuo (panta rei), que la
estabilidad es una ilusión y que sólo el cambio y la ley del cambio (o logos)
son reales. La doctrina del logos de Heráclito, que identificaba las leyes de
la naturaleza con una mente divina, evolucionó hacia la teología panteísta del
estoicismo.
2.4. La escuela
eleática En el siglo
V a.C., Parménides fundó una escuela de filosofía en Elea, colonia griega
situada en la Magna Grecia. En su única obra conocida, Sobre la naturaleza,
adoptó una actitud opuesta a la de Heráclito en la relación entre estabilidad y
cambio, y mantuvo que el Universo o lo que es, es decir, el ente, se puede
describir como una esfera indivisible e inmutable y que toda referencia a
cambio o diversidad es por sí misma contradictoria. Mantenía que nada puede ser
realmente afirmado excepto “lo que es” (el ente). Zenón de Elea, discípulo
suyo, intentó probar la unidad del ser afirmando que la creencia en la realidad
de cambio, la diversidad y el movimiento lleva a paradojas lógicas. Las aporías
de Zenón llegaron a ser enigmas intelectuales que filósofos y lógicos de todas
las épocas posteriores han intentado resolver. El interés de los eleáticos por
el problema de la consistencia racional propició el desarrollo de la ciencia de
la lógica.
2.5. La escuela pluralista
La
especulación en torno al mundo físico iniciada por los jonios fue continuada en
el siglo V a.C. por Empédocles y Anaxágoras, que desarrollaron filosofías
que sustituían la descripción jónica de una sustancia primera única por la
suposición de una pluralidad de sustancias. Empédocles mantenía que todas las
cosas están compuestas por cuatro elementos irreductibles: aire, agua, tierra y
fuego, combinados o separados por dos fuerzas opuestas según un proceso de
alternancia: el amor y el odio. Mediante este proceso, el mundo evoluciona
desde el caos hasta la forma y vuelve al caos otra vez, en un ciclo reiterado.
Empédocles consideró el ciclo eterno como el objeto verdadero del culto
religioso y criticó la creencia popular en divinidades personales, pero no
consiguió explicar cómo los objetos conocidos por la experiencia pueden
desarrollarse al margen de factores que son por completo distintos a ellos. Por
consiguiente, Anaxágoras sugirió que todas las cosas están compuestas por
partículas muy pequeñas o “semillas”, que existen en una variedad infinita.
Para explicar cómo se combinan esas partículas para formar los objetos que
constituyen el mundo conocido, Anaxágoras desarrolló una teoría de la evolución
cósmica. Afirmaba que el principio activo de este proceso evolutivo es una
mente universal que separa y combina las partículas, el nous. Su
concepto de partículas elementales llevó al desarrollo de una teoría atómica de
la materia.
2.6. La escuela
atomista Fue un paso
natural el que condujo desde el pluralismo hasta el atomismo, interpretación
según la cual toda materia está compuesta por partículas diminutas e
indivisibles que se diferencian sólo en simples propiedades físicas como el
peso, el tamaño y la forma. Este paso se dio en el siglo IV a.C. con
Leucipo y su colaborador más conocido, Demócrito de Abdera, a quien se le
atribuye la primera formulación sistemática de una teoría atómica de la
materia. Su concepción de la naturaleza fue materialista de un modo absoluto, y
explicó todos los fenómenos naturales en términos de número, forma y tamaño de
los átomos. Redujo las cualidades sensoriales de las cosas (como calor, frío,
gusto y olor) a las diferencias cuantitativas de los átomos. Las formas más
elevadas de existencia, como la vida de las plantas y animales e incluso la
humana, fueron explicadas por Demócrito en términos físicos en sentido
estricto. Aplicó su teoría a la psicología, la fisiología, la teoría del
conocimiento (epistemología), la ética y la política, y presentó así el primer
planteamiento amplio del materialismo determinista que afirma que todos los
aspectos de la existencia están determinados de forma rígida por leyes físicas.
2.7. Los sofistas Hacia finales del siglo V a.C., un grupo de maestros
itinerantes llamados sofistas alcanzó un gran renombre en toda Grecia. Los
sofistas tuvieron un papel importante en la evolución de las ciudades-estado
griegas desde unas monarquías agrarias hasta su consolidación como democracias
comerciales. Conforme crecieron la industria y el comercio helénicos, una nueva
clase de ricos comerciantes, poderosos en el ámbito económico, empezó a
controlar el poder político. Careciendo de la educación de los aristócratas,
quisieron prepararse para la política y el comercio pagando a los sofistas a
cambio de enseñanzas en el arte de hablar en público, el razonamiento legal y
la cultura general. A pesar de que lo mejor de los sofistas contribuyó
enormemente al pensamiento griego, el grupo en su conjunto adquirió una
reputación de falaz, hipócrita y demagogo. De ahí que la palabra sofisma
represente esas deficiencias morales. La famosa máxima de Protágoras, uno de
los sofistas más importantes, “el hombre es la medida de todas las cosas”, es
representativa de la actitud filosófica de esta escuela. Sus componentes
mantenían que los individuos tienen el derecho de juzgar por sí mismos todos
los asuntos; negaban la existencia de un conocimiento objetivo en el que se
supone que todo el mundo debe creer, mantuvieron que la ciencia natural y la
teología tienen poco o ningún valor porque carecen de relevancia en la vida
diaria, y declararon que las reglas éticas sólo tenían que asumirse cuando
conviene al propio interés.
2.8. Filosofía
socrática
Tal vez la mayor personalidad filosófica
en la historia haya sido Sócrates. Nacido alrededor del año 470 a.C.,
practicó un diálogo continuo con sus alumnos hasta que fue sentenciado a
muerte, condena que cumplió bebiendo cicuta en el 399 a.C. A diferencia de
los sofistas, Sócrates se negó a aceptar dinero por sus enseñanzas, afirmando
que no tenía ninguna certidumbre que ofrecer excepto la conciencia de la
necesidad de más conocimiento. Sócrates no dejó ningún escrito, pero sus
enseñanzas fueron preservadas para las generaciones posteriores en los diálogos
de uno de sus más famosos discípulos, Platón, y también aparecen en los
escritos de Jenofonte. Sócrates enseñó que cada persona tiene pleno
conocimiento de la verdad última dentro de su alma y que sólo necesita llevarlo
a la reflexión consciente para darse cuenta. Por ejemplo, en Menón (un
diálogo platónico) Sócrates plantea a través de una ficción la forma en que un
esclavo ignorante puede llegar a la formulación del teorema de Pitágoras,
demostrando así que el conocimiento está innato en el alma, en vez de ser
implícito o indisociable de la experiencia. Sócrates creía que el deber del
filósofo era provocar que la gente pensara por sí misma, en vez de enseñarle
algo que no supiera. Por eso se decía partero o alumbrador de ideas. Su
contribución a la historia de la filosofía no fue una doctrina sistemática,
sino un método de reflexión, la mayéutica, y un tipo de existencia. Hizo
hincapié en la necesidad de un examen analítico de las creencias de cada uno,
de definiciones claras de los conceptos básicos, y de un planteamiento racional
y crítico de los problemas éticos.
2.9. Filosofía
platónica
Platón fue un pensador más sistemático
que Sócrates, pero sus escritos, en especial los primeros diálogos, pueden ser
considerados como una continuación y elaboración de las ideas socráticas. Al
igual que Sócrates, Platón consideró la ética como la rama más elevada del
saber, y subrayó la base intelectual de la virtud al identificar virtud con
sabiduría. Esta idea llevó a la llamada “paradoja socrática” por la que “ningún
hombre hace el mal por propia voluntad”, como dice Sócrates en Protágoras.
Más tarde, Aristóteles advertiría que una conclusión así no da lugar a la
responsabilidad moral. Platón exploró también los problemas fundamentales de la
ciencia natural, la teoría política, la metafísica, la teología y la
epistemología, y enriqueció conceptos tales como el conocimiento (en Teeteto),
el origen y esencia del lenguaje (en Crátilo), la justicia (en La
República) o la belleza (en El Banquete), entre otros muchos, que
posteriormente se erigieron en fundamentos permanentes del pensamiento
occidental.
La base de la filosofía de Platón es su
teoría de las ideas, o doctrina de las formas. La teoría de las ideas (que
queda expresada en muchos de sus diálogos, sobre todo en La República y Parménides)
divide la existencia en dos esferas o mundos, una “esfera inteligible” de ideas
o formas perfectas, eternas e indivisibles, el Topos Uranos, y una “esfera
sensible”, de objetos concretos y conocidos. Los árboles, las piedras, los
cuerpos humanos y en general los objetos que pueden ser conocidos a través de
los sentidos son para Platón irreales, sombríos y copias imperfectas de las
ideas. Llegó a esta, en apariencia, extraña conclusión por las elevadas reglas
que adjudicó al conocimiento, por ejemplo, que todos los objetos auténticos de
conocimiento fueran descritos sin contradicciones. Como todos los objetos
percibidos por los sentidos experimentan cambios, una afirmación hecha respecto
a esos objetos en un instante no será válida en un momento posterior. Según
Platón, esos objetos no son del todo reales. Las creencias que se derivan de la
experiencia de esos objetos son, por lo tanto, imprecisas e inconstantes,
mientras que los principios de las matemáticas y la filosofía —elaborados a
partir de la meditación interior sobre las ideas— constituyen el único saber
digno de ese nombre. En La República, Platón expuso su famoso mito de la
caverna, en el cual muestra cómo la humanidad, prisionera en una caverna,
confunde las sombras proyectadas en una roca con la realidad y en el que
considera al filósofo como la persona que penetra en el Universo fuera de la
caverna de la ignorancia y alcanza una visión de la verdadera realidad, el
mundo de las ideas. El concepto de Platón del bien absoluto —que es la idea más
elevada y engloba a todas las demás— ha sido una fuente principal de las
doctrinas religiosas panteísta y mística en la cultura occidental.
La teoría de las ideas de Platón y su
visión racionalista del conocimiento son la base de su idealismo ético y social.
El mundo de las ideas eternas facilita las normas o ideales según los cuales
todos los objetos y acciones han de someterse al juicio del hombre. La persona
filosófica, que se abstiene de los placeres sensuales y busca en su lugar el
conocimiento de los principios abstractos, encuentra en esos ideales los modos
para regir la conducta personal e intervenir en las instituciones sociales. La
virtud personal consiste en una armónica relación entre las facultades del
alma. La justicia social consiste entonces en la armonía entre las distintas
clases de la sociedad. El estado ideal de una mente sana en un cuerpo sano
requiere que el intelecto controle los deseos y las pasiones, así como el
estado ideal de la sociedad requiere que los individuos más sabios controlen a
las masas buscadoras de placer. Para Platón, la verdad, la belleza y la
justicia coinciden en la idea del bien. Por lo tanto, el arte que expresa los
valores morales es el mejor. En su programa social, Platón apoyó la censura en
el arte, por estimarla como un instrumento para la educación moral de la
juventud.
2.10. Filosofía
aristotélica
Aristóteles, que empezó a estudiar en la
Academia de Platón con 17 años, en el 367 a.C., es considerado el más
ilustre discípulo de Platón y se sitúa junto con su maestro entre los más
profundos e influyentes pensadores de la historia de Occidente. Después de
asistir durante varios años a la Academia, se convirtió en el preceptor de
Alejandro Magno. Más tarde regresó a Atenas para fundar el Liceo, una escuela
que, al igual que la Academia de Platón, fue durante siglos uno de los grandes
núcleos de enseñanza en Grecia. En sus conferencias, Aristóteles definió los
conceptos y principios básicos de muchas de las ciencias teóricas, como la
lógica, la biología, la física y la psicología. Al establecer los rudimentos de
la lógica como ciencia, desarrolló la teoría de la inferencia deductiva,
representada por el silogismo (proposición deductiva que utiliza dos premisas y
una conclusión), y un conjunto de reglas para fundamentar lo que habría de ser
el método científico.
En su Metafísica, Aristóteles
discutió la separación que hizo Platón de idea y materia, y afirmó que las
ideas o esencias están contenidas dentro de los objetos mismos que las
ejemplifican. Para Aristóteles, cada cosa real es una mezcla de potencia y
acto; en otras palabras, cada cosa es una combinación de aquello que puede ser
(pero que todavía no es) y de aquello que ya es (también distinguido como
materia y forma), porque todas las cosas cambian y se convierten en otra cosa
diferente de lo que son, excepto los intelectos activos humanos y divinos, que
son formas puras.
Para Aristóteles, la naturaleza es un sistema
orgánico de cosas cuyas manifestaciones comunes hacen posible ordenarlas en
clases de especies y géneros; cada especie tiene una forma, propósito y modo de
desarrollo en cuyos términos se puede expresar. El fin de la ciencia teórica es
definir las actitudes, propósitos y modos esenciales de desarrollo de todas las
especies y disponerlos en su orden natural de acuerdo con sus complejidades
según su forma, siendo los principales niveles el inanimado, el vegetativo, el
animal y el racional. El alma, para Aristóteles, es la forma o realidad del
cuerpo, y los humanos, cuyo espíritu racional constituye una forma más elevada
que la de las demás especies terrenales, la más elevada dentro de las
perecederas. Los cuerpos celestes, compuestos de una sustancia imperecedera o
éter, y movidos en un perfecto movimiento circular por Dios, son todavía más
altos en el orden de la naturaleza. Esta clasificación jerárquica de la
naturaleza fue adoptada por muchos teólogos cristianos, judíos y musulmanes en
la edad media como una visión de la naturaleza.
La filosofía política y ética (ésta última
desarrollada en Ética a Nicómaco) de Aristóteles surgió también de un
examen crítico de los enunciados platónicos. Las normas de conducta personal y
social, según Aristóteles, pertenecen al estudio científico de las tendencias
naturales de los individuos y las sociedades en vez de contemplarse en la
esfera celeste de las ideas puras. Menos insistente que Platón en una
conformidad rigurosa respecto a los principios absolutos, Aristóteles consideró
las reglas éticas como guías prácticas para alcanzar una vida feliz y plena. El
énfasis que puso en la felicidad, como el cumplimiento de las capacidades
naturales, expresó la actitud hacia la vida que mantuvieron los griegos cultos
de su tiempo. En teoría política adoptó una posición más realista que Platón.
Se mostró conforme con el modelo de una monarquía gobernada por un rey sabio
que llegaría a representar la estructura política ideal, pero reconocía
asimismo que las sociedades difieren en sus necesidades y tradiciones, y creía
que una democracia limitada conforma y ordena el mejor compromiso concebible.
En su teoría del conocimiento, Aristóteles rechazó la doctrina platónica por la
que el saber es innato e insistió en que sólo puede adquirirse mediante la
generalización desde la experiencia. Interpretó el arte como una vía al
servicio del placer y de la ilustración intelectual en lugar de ser un
instrumento de educación moral. Su análisis de la tragedia griega en Poética
es considerado el hito fundacional de la crítica literaria.
3. FILOSOFÍA HELENÍSTICA Y ROMANA Desde el siglo IV a.C. hasta el desarrollo de la filosofía
cristiana en el siglo IV, el epicureísmo, el estoicismo, el escepticismo y
el neoplatonismo fueron las principales escuelas filosóficas en el mundo
occidental. El interés por la ciencia natural declinó en ese periodo y estas
escuelas se preocuparon sobre todo por la ética y la religión.
3.1. Epicureísmo
En el año 306 a.C., Epicuro fundó
una escuela filosófica en Atenas. Como sus seguidores se reunían en el jardín
de su casa fueron conocidos como los “filósofos del jardín”. Epicuro adoptó la
física atomista de Demócrito pero aportó algunas novedades importantes. En
lugar de un movimiento aleatorio de los átomos en todas las direcciones, afirmó
(para simplificar la explicación) que un movimiento uniforme acontecía en dirección
descendente. También admitió la posibilidad de un factor de casualidad que
intervenía en el mundo físico al manifestar que los átomos, a veces, se desvían
en un sentido impredecible (clinamen), facilitando así una base física
para la creencia en el libre albedrío. Sostenía que la ciencia natural es
importante sólo si se puede aplicar en la adopción de decisiones prácticas y
para aplacar el temor hacia los dioses y la muerte. Afirmaba que el destino de
la existencia es obtener la máxima cantidad de placer, que identificaba con un
movimiento de simpatía y con la ausencia de dolor. Las enseñanzas de Epicuro se
conservan sobre todo en el poema filosófico De rerum natura (De la
naturaleza de las cosas) del poeta romano Lucrecio, quien contribuyó a la
difusión del epicureísmo en Roma.
3.2. Estoicismo
La escuela estoica, fundada en Atenas
hacia el 300 a.C. por Zenón de Citio, evolucionó a partir del anterior
movimiento de los cínicos, que rechazaba las instituciones que estructuraban la
sociedad y los valores materiales vigentes. El estoicismo representó la escuela
más importante en el mundo grecorromano y en ella coincidieron escritores y
personalidades tan importantes como Epicteto y el propio emperador romano Marco
Aurelio Antonino, conocido tanto por su sabiduría como por la nobleza de su
carácter. Uno de los más relevantes filósofos estoicos del Imperio romano fue
el hispanorromano cordobés Lucio Anneo Séneca, tutor del emperador Nerón, que
mantuvo las tesis fundamentales del estoicismo antiguo con un importante tono
moral y una concepción de la sabiduría como benevolencia. Los estoicos
proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo
ajeno a las comodidades materiales y la fortuna externa, y dedicándose a una
vida guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la
imperturbabilidad o ataraxia). Asumiendo una concepción materialista de la
naturaleza, siguieron a Heráclito en la creencia de que la sustancia primera se
halla en el fuego y en la veneración del logos, que identificaban con la
energía, la ley, la razón y la providencia encontradas en la naturaleza. La
razón de los hombres se consideraba también parte integrante del logos divino e
inmortal. La doctrina estoica que consideraba a cada persona como parte de Dios
y miembro de una familia universal ayudó a romper barreras regionales, sociales
y raciales, y preparar el camino para la propagación de una religión universal.
La doctrina estoica de la ley natural, que convierte la naturaleza humana en norma
para evaluar las leyes e instituciones sociales, tuvo mucha influencia en Roma
y en las legislaciones posteriores de Occidente.
3.3. Escepticismo El escepticismo, que profundizó en la crítica sofista del
conocimiento objetivo, dominó la Academia platónica en el siglo III a.C.
Los escépticos descubrieron (al igual que Zenón de Elea) que la lógica es un
mecanismo filosófico poderoso y capaz de destruir cualquier idea positiva, y la
usaron con arte. Su suposición principal era que la humanidad no puede alcanzar
el conocimiento o la ciencia que conciernen a la realidad y que el camino hacia
la felicidad, por lo tanto, se asienta en una absoluta suspensión de juicio.
Como ejemplo extremo de esta actitud, se dice que Pirrón —uno de los escépticos
más notables— se negó a cambiar de rumbo al acercarse a un acantilado y tuvo
que ser corregido por sus alumnos. Carnéades mantenía que las creencias
adquiridas de la experiencia por vía inductiva pueden ser probables, pero nunca
ciertas.
3.4. Neoplatonismo El filósofo judeo-helenista Filón de Alejandría sumó la filosofía
griega, en especial las ideas platónicas y pitagóricas, a la religión judaica
en un amplio sistema que anticipó el neoplatonismo y el misticismo judío,
cristiano y musulmán. Filón insistía en la naturaleza transcendente de Dios,
que supera el entendimiento y por lo tanto resulta indescriptible para los
mortales; describió el mundo natural como una serie de etapas descendentes
desde Dios y terminando en la materia como origen del mal. Abogó por un régimen
teocrático, y fue uno de los primeros en interpretar el Antiguo Testamento para
los no judíos. Falleció en el año 50 d.C.
El neoplatonismo, sustrato de una de las escuelas
filosóficas y religiosas más influyentes e importante rival del cristianismo,
fue fundado en el siglo II d.C. por Amonio Sacas y se desarrolló en el siglo
III gracias a su discípulo más conocido, Plotino. Éste basó sus ideas en los
escritos místicos y poéticos de Platón, los pensadores pitagóricos y Filón.
Para Plotino, la principal razón de ser de la filosofía es educar a los
individuos para la experiencia del éxtasis, en la que se hacen uno con Dios.
Dios (o lo Uno) está más allá del entendimiento racional y es la fuente
originaria de toda realidad. El Universo emana de lo Uno por un proceso
misterioso de comunicación de energía divina en planos sucesivos. Los niveles
más altos forman lo Uno, el logos, que contiene las ideas platónicas, y el Alma
cósmica, que da lugar a las almas humanas y a las fuerzas de la naturaleza. Las
demás cosas que emanan de lo Uno, según Plotino, cuanto más imperfectas y malas
son, más cerca están del límite de la materia en su estado original. El fin más
elevado de la vida es depurarse uno mismo de la dependencia de la conformidad
física y, a través de la meditación filosófica, disponerse para una reunión
extática con lo Uno. El neoplatonismo ejerció una fuerte influencia en el
pensamiento medieval.
4. FILOSOFÍA MEDIEVAL
Durante el declive de la civilización
grecorromana, los filósofos occidentales abandonaron la investigación
científica de la naturaleza y la búsqueda de la felicidad en el mundo y se
preocuparon por el problema de la salvación en otro mundo mejor. Hacia el siglo
III, el cristianismo se había extendido a las clases más cultas del Imperio romano.
4.1. Filosofía de
san Agustín
El proceso encaminado a reconciliar el
énfasis de los griegos en la razón con el que ponían los romanos en las
emociones religiosas de las enseñanzas de Cristo y los apóstoles se concretó en
los escritos de san Agustín de Hipona. Éste desarrolló un sistema de
pensamiento que, a través de sucesivas rectificaciones y elaboraciones, se
convirtió al fin en la doctrina del cristianismo de aquella época. En gran
parte debido a su influencia, el pensamiento cristiano fue platónico hasta el
siglo XIII, punto en que la filosofía aristotélica se hizo dominante. San
Agustín afirmaba que la fe religiosa y el entendimiento filosófico obran como
complementarios en lugar de ser opuestos y que se debe “creer para comprender y
comprender para creer”. Al igual que los neoplatónicos, consideraba el alma una
forma más elevada de la existencia que el cuerpo y mantuvo que el conocimiento
consiste en la contemplación de las ideas que han sido depuradas tanto de
sensaciones como de imágenes.
La filosofía platónica se unió al
concepto cristiano de un Dios personal que había creado el mundo y predestinado
su evolución, y a la doctrina de la caída de la humanidad que requería la
divina encarnación en Cristo. San Agustín intentó aportar soluciones racionales
a los problemas del libre albedrío y la predestinación, la existencia del mal
en un mundo creado por un dios omnipresente y todopoderoso, y la naturaleza
atribuida a Dios en la doctrina de la Santísima Trinidad.
En uno de sus principales escritos, La
ciudad de Dios, concibió la historia como una lucha trágica en la humanidad
entre el bien, expresado en la lealtad a la “ciudad de Dios” o comunidad de los
santos, y el mal, identificado en la ciudad terrenal y simbolizado a través de
sus valores materiales. Su idea de la vida humana era pesimista, lo que le
llevó a sostener que la felicidad es imposible en la existencia del individuo,
donde incluso con buena suerte, como excepción, la conciencia de la proximidad
de la muerte echaría a perder cualquier tendencia hacia la satisfacción y el
placer. Pensó que sin las virtudes religiosas de la fe, la esperanza y la
caridad —que requieren de la divina gracia para ser alcanzadas—, una persona no
puede desarrollar virtudes naturales referidas al valor, la justicia, la
templanza y la sabiduría. Sus análisis del tiempo, la memoria y la experiencia
religiosa fueron fuente de inspiración para el pensamiento metafísico y
místico.
La única gran aportación a la filosofía occidental
en los tres siglos posteriores a la muerte de san Agustín fue la del estadista
romano del siglo VI Boecio, que reavivó el interés por el pensamiento griego y
romano, en especial por la lógica y metafísica aristotélicas. En el siglo IX el
monje irlandés Juan Escoto Eriúgena expuso una interpretación panteísta del
cristianismo, identificando la Trinidad divina con lo Uno, el logos y el Alma
universal del neoplatonismo, y mantuvo que tanto la fe como la razón son
necesarias para alcanzar la unión extática con Dios.
4.2. Escolasticismo
En el siglo XI se produjo un resurgir
del pensamiento filosófico, fruto del creciente encuentro entre las diferentes
regiones del mundo occidental y el despertar del interés por las culturas
ignotas que culminaría en el renacimiento. Los trabajos de Platón, Aristóteles
y otros sabios griegos fueron traducidos por eruditos musulmanes y se
conocieron en el Occidente cristiano gracias a las aportaciones de los
filósofos de al-Andalus y a distintas traducciones del árabe al latín
realizadas en los reinos cristianos de la península Ibérica. Los filósofos
musulmanes, judíos y cristianos interpretaron y clarificaron esos escritos en
una tentativa por conciliar la filosofía con la fe religiosa y dotar de pilares
racionales a sus creencias religiosas. Su trabajo cimentó el escolasticismo.
El pensamiento escolástico estuvo menos interesado
en descubrir nuevos datos y principios que en demostrar la verdad de los credos
ya consolidados. Su método fue, por lo tanto, dialéctico o discursivo. El
interés por la lógica del discurso llevó a importantes avances tanto en lógica
como en teología. El médico persa del siglo XII Avicena integró el
neoplatonismo y las ideas aristotélicas con la doctrina religiosa musulmana,
mientras que el poeta judío Solomon ben Yehuda ibn Gabirol elaboró una síntesis
semejante entre el pensamiento griego y el judaísmo. El teólogo y filósofo
escolástico san Anselmo adoptó la idea agustiniana de la relación entre fe y
razón, y relacionó el platonismo con la teología cristiana. San Anselmo, que
actuaba siguiendo la teoría de las ideas de Platón, se mostró a favor de la
existencia separada de los universales o las propiedades comunes de las cosas.
De esta forma, estableció la posición del realismo lógico en uno de los debates
más conflictivos y trascendentes de la filosofía medieval, el de los
universales.
La concepción contraria, conocida como
nominalismo, fue formulada por el filósofo escolástico Roscelino, quien afirmó
que sólo existen los objetos individuales, concretos, y que los universales
(formas e ideas, mediante las que se clasifican las cosas particulares)
constituyen meros sonidos o signos en vez de sustancias intangibles. Cuando
afirmó que la Trinidad tiene que consistir en tres existencias separadas, sus
ideas fueron condenadas por heréticas y fue obligado a retractarse en 1092. El
teólogo francés Pedro Abelardo, cuyo trágico romance con Eloísa en el siglo XII
alimentó una de las historias de amor más memorables del medievo, propuso un
compromiso entre realismo y nominalismo conocido como conceptualismo, según el
cual los universales existen en las cosas particulares como propiedades y fuera
de las cosas como conceptos en la mente. Abelardo mantenía que la religión
revelada tiene que ser justificada por la razón. Fundamentó una ética basada en
la conciencia personal que anticipó el pensamiento protestante.
El jurista, físico y teólogo hispanomusulmán
Averroes (el filósofo islámico más conocido de la edad media) hizo que la
ciencia y el pensamiento aristotélico tuvieran gran influencia en el mundo medieval
gracias a sus lúcidos y eruditos comentarios de la obra de Aristóteles. Fue
conocido como El Comentador entre los muchos escolásticos que consideraban a
Aristóteles como El Filósofo. Averroes intentó superar las contradicciones
entre la filosofía aristotélica y la religión revelada distinguiendo entre dos
sistemas de verdad separados: un cuerpo científico de verdades basado en la
razón y un cuerpo religioso de verdades inspirado en la revelación. Su idea de
que la razón tiene preferencia sobre la religión le llevó en 1194 al exilio. La
llamada doctrina de la doble verdad de Averroes influyó sobre numerosos
filósofos musulmanes, judíos y cristianos, pero también fue rechazada por
muchos otros autores y se convirtió en un importante problema filosófico en el
ámbito de la cultura medieval. Averroes desarrolló este análisis de las
relaciones entre filosofía y fe religiosa en una de sus principales obras
originales, Tahafut al-Tahafut (La destrucción de la destrucción).
El filósofo hispanojudío Maimónides (una
de las figuras más destacadas del pensamiento judaico), al igual que Averroes,
unió la ciencia aristotélica con la religión, pero rechazó la idea de que ambos
sistemas contrarios pudieran ser verdaderos. En su Guía de perplejos
(c. 1190) intentó dar una explicación racional a la doctrina judaica y
defendió las creencias religiosas (como la de la creación del mundo) que
entraban en conflicto con la ciencia aristotélica sólo cuando estuvo convencido
de que faltaban evidencias decisivas en el sustrato de ambas posturas.
En el siglo XIII el teólogo escolástico inglés
Alejandro de Hales y el filósofo escolástico italiano san Buenaventura
fundieron los principios platónicos y aristotélicos e introdujeron la idea de
que el alma es forma y sustancia a la vez (o sustancia no material), para
explicar su naturaleza inmortal. La idea de san Buenaventura tendió hacia el
misticismo panteísta al hacer del fin de la filosofía la unión extática con
Dios.
El filósofo escolástico alemán san
Alberto Magno fue el primer filósofo cristiano que aprobó e interpretó la
totalidad del pensamiento aristotélico. Estudió y admiró los escritos de los
aristotélicos musulmanes y judíos, que conoció por los trabajos de la Escuela
de Traductores de Toledo, y escribió comentarios enciclopédicos sobre
Aristóteles y la ciencia natural de su tiempo. El monje inglés Roger Bacon, uno
de los primeros escolásticos que mostró interés por la ciencia experimental,
advirtió que quedaba mucho por aprender aún sobre la naturaleza. Criticó el
método deductivo de sus contemporáneos, así como la confianza de éstos en la
autoridad del pasado, proponiendo un nuevo método de investigación basado en la
observación controlada.
La mayor figura intelectual de la edad media fue
santo Tomás de Aquino, monje dominico que estudió con san Alberto Magno, a
quien siguió hasta Colonia en 1248. Santo Tomás de Aquino unió la ciencia
aristotélica y la teología agustiniana en un amplio sistema de pensamiento que
más tarde se convirtió en la filosofía autorizada de la Iglesia católica. Sus
obras más importantes, Summa Theologiae y Summa contra Gentiles,
donde presenta una estructura de ideas convincente y sistemática, siguen
ejerciendo en la actualidad una poderosa influencia en el pensamiento
occidental. Sus textos reflejan el renovado interés de su tiempo por la razón,
la naturaleza y la felicidad en este mundo, junto con su fe religiosa y
preocupación por la salvación del hombre.
Aquino mantuvo, en contra de los averroístas, que
las verdades de la fe y las verdades de la razón no podían estar en conflicto,
sino que más bien son aplicadas a campos diferentes. Las verdades de la ciencia
natural y de la filosofía son descubiertas al razonar a partir de datos de la
experiencia, mientras que los principios de la religión revelada (la doctrina
de la Trinidad, la creación del mundo y otros fundamentos del dogma cristiano)
están más allá de la comprensión racional, aunque no hayan de ser
contradictorios respecto a la razón y deban aceptarse mediante la fe. La
metafísica, teoría del conocimiento, ética y política de Aquino provenían sobre
todo de Aristóteles, pero el dominico incorporó en sus doctrinas las virtudes
agustinianas de la fe, esperanza y caridad, y el destino de la salvación eterna
a través de la gracia, a la ética naturalista aristotélica, cuya meta era
conseguir la felicidad en este mundo.
4.3. Filosofía
medieval después de santo Tomás de Aquino Las mayores críticas a la filosofía tomista fueron formuladas por
Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham. Duns Escoto desarrolló un sutil y muy
técnico sistema de lógica y metafísica, pero debido al fanatismo de sus
seguidores, el nombre de Duns se convirtió más tarde en símbolo de estupidez en
la palabra inglesa dunce (burro). Escoto rechazó el intento de santo
Tomás de Aquino para reconciliar la filosofía racional con la religión
revelada. Mantuvo, en una versión modificada de la llamada doctrina de la doble
verdad de Averroes, que todas las creencias religiosas son asuntos de fe,
excepto la creencia en la existencia de Dios, que consideraba demostrable desde
supuestos lógicos. En contra de la idea de Aquino según la cual Dios actúa de
acuerdo con su naturaleza racional, Escoto afirmó que la voluntad divina es
anterior al propio intelecto divino y crea (en vez de amoldarse a ellas) las
leyes de la naturaleza y la moral (voluntarismo), lo que implicaba una noción
del libre albedrío más amplia que la de santo Tomás. Al abordar el problema de
los universales, Duns Escoto planteó un nuevo compromiso entre realismo y
nominalismo al explicar la diferencia entre los objetos individuales y las
formas que esos objetos ejemplifican (individuación) como una distinción lógica
en vez de real.
El franciscano inglés Guillermo de Ockham formuló la
crítica de carácter más radical y nominalista de la creencia escolástica en el
campo de lo intangible, cosas invisibles como las ideas, esencias y
universales. Mantuvo que tales entidades abstractas sólo son referencias
terminológicas que designan a su vez otras palabras en lugar de ser útiles para
referirse a cosas reales. Su famosa regla, conocida como “la navaja de Ockham”
(que afirma que no se debe suponer la existencia de más cosas de las que son
necesarias según imperativos lógicos), se convirtió en un principio fundamental
de la ciencia y filosofía modernas.
En los siglos XV y XVI el renacer del interés
científico por la naturaleza se vio acompañado por la tendencia hacia el
misticismo panteísta. El prelado católico romano Nicolás de Cusa anticipó la
obra del astrónomo polaco Nicolás Copérnico al sugerir que la Tierra se mueve
alrededor del Sol, desplazando así a la humanidad del centro del Universo, al
que concibió como infinito e idéntico a Dios. El filósofo italiano Giordano
Bruno, que también identificó el Universo con Dios, desarrolló las implicaciones
filosóficas de la teoría copernicana. La filosofía de Bruno influyó en
corrientes intelectuales posteriores que llevaron al nacimiento de la ciencia
moderna y a la Reforma.
5. FILOSOFÍA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA Desde el siglo XV la filosofía occidental ha estado marcada por
una interacción continua entre sistemas de pensamiento basados en una
interpretación mecanicista y materialista del Universo, y aquellos otros que
consideraban al pensamiento humano como la única realidad última. Esta
interacción reflejó el creciente efecto del descubrimiento científico y el
cambio político en la especulación filosófica.
5.1. Mecanicismo y
materialismo
Los siglos XV y XVI marcaron un periodo
de cambios radicales en el ámbito social, político e intelectual. La exploración
del mundo, la Reforma protestante (con su énfasis en la fe individual), el auge
de la sociedad urbana comercial y la aparición de nuevas ideas en todas las
áreas de la cultura estimularon el desarrollo de una nueva idea filosófica del
Universo. La visión medieval del cosmos como un orden jerárquico de seres
creados y gobernados por Dios fue sustituida por la visión mecanicista del
mundo como una gran máquina cuyas partes se mueven de acuerdo con estrictas
leyes físicas, sin propósito ni voluntad. El objetivo de la vida humana ya no
se concebía como preparación para la salvación en el otro mundo, sino más bien
como la satisfacción de los deseos naturales del individuo. Las instituciones
políticas y los principios éticos dejaron de ser considerados como reflejo del
mandato divino para ser vistos, en cambio, como resortes prácticos creados por
los seres humanos. En esta nueva visión filosófica, la experiencia y la razón
fueron los únicos patrones efectivos para dilucidar la verdad. La figura del
filósofo jesuita español Francisco Suárez tuvo una gran influencia en la
transformación de la escolástica clásica y en una moderna concepción de la ley
y de la autoridad real que, según Suárez, deriva su poder del consentimiento
del pueblo y podía ser rechazada cuando no era ejercida con justicia.
El primer gran representante de la nueva
filosofía fue el pensador inglés Francis Bacon, barón de Verulam, quien
denunció la confianza en la autoridad y en el discurso verbal, y consideró la
lógica aristotélica inútil para acuñar nuevas leyes físicas. En su obra Novum
organum (1620), Bacon expuso un nuevo método científico basado en la
generalización inductiva realizada desde la observación y la experimentación.
Fue el primero en formular leyes para la inferencia inductiva.
El trabajo del físico y astrónomo italiano Galileo
fue de mayor importancia en el desarrollo de una nueva visión del mundo.
Galileo Galilei resaltó la importancia de aplicar las matemáticas a la
formulación de leyes científicas. Para ello creó la ciencia de la mecánica, que
aplicaba los principios de la geometría a los movimientos de los cuerpos. El
éxito de la mecánica en la formulación de leyes fiables y útiles de la
naturaleza llevó a pensar a Galileo y a otros científicos posteriores que toda
la naturaleza está creada de acuerdo con leyes mecánicas.
5.1.1. Descartes
El matemático, físico y filósofo
racionalista francés René Descartes profundizó en las críticas de Bacon y
Galileo sobre los métodos y creencias existentes, pero al contrario que Bacon
—que se inclinaba por la práctica de un método inductivo basado en hechos
observados—, Descartes hizo de las matemáticas el modelo para toda ciencia,
aplicando sus métodos deductivos y analíticos a todos los campos del saber. En
1637 publicó su primera gran obra, Ensayos filosóficos, a la cual servía
de prólogo el que sería su más famoso e influyente escrito, Discurso del
método. Decidió reconstruir todo el conocimiento humano sobre una base
absolutamente certera al rechazar cualquier creencia, incluso su propia
existencia, hasta que pudiera probarla como verdadera (escepticismo
metodológico). Descartes fundó la prueba lógica de su propia existencia en el
acto de dudar de ella y su famosa afirmación “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego
existo”) le proporcionó el dato cierto o axioma a partir del cual pudo deducir
la existencia de Dios y de las leyes básicas de la naturaleza. A pesar de su
perspectiva mecanicista, Descartes aceptó la tradicional doctrina religiosa de
la inmortalidad del alma y mantuvo que la mente y el cuerpo son dos sustancias
diferentes; de esta forma dejó a la mente libre de las leyes mecánicas de la
naturaleza y consagró la libertad de la voluntad. Su fundamental separación de
mente y cuerpo, conocida como dualismo, planteó el problema de la explicación
de cómo dos sustancias tan diferentes como cuerpo y mente pueden afectar la una
a la otra, problema que fue imposible resolver y que ha sido desde entonces
motivo prioritario de interés en la filosofía.
5.1.2. Hobbes
El filósofo inglés Thomas Hobbes elaboró
un amplio sistema de metafísica materialista que aportó una solución al
problema mente-cuerpo del dualismo al reducir la mente a los movimientos
interiores del cuerpo. Al aplicar los principios de la mecánica a todas las
áreas del conocimiento, definió los conceptos básicos de cada área (como vida,
sensación, razón, valor y justicia) en términos de materia y movimiento,
reduciendo así todos los fenómenos a relaciones físicas y todas las ciencias a
un proceso mecánico. Hobbes expuso su teoría ética y su teoría política en Leviatán
(1651); la primera se basaba en la afirmación de que las reglas conductuales
humanas se rigen por el instinto de conservación, por lo que justificó las
acciones egoístas como una tendencia natural del ser humano. En consecuencia,
su teoría política sostenía que el gobierno y la justicia social son creaciones
artificiales basadas en un contrato social y mantenidas por la fuerza. Apoyó a
la monarquía absoluta como el medio más efectivo de preservar la paz.
5.1.3. Spinoza
El filósofo holandés Baruch Spinoza
elaboró un sistema filosófico monista claro y riguroso que aportaba nuevas
soluciones al problema mente-cuerpo, al conflicto entre ciencia y religión, y a
la eliminación mecanicista de los valores éticos del mundo natural. Como
Descartes, afirmó que toda la estructura de la naturaleza puede deducirse de
unas cuantas definiciones básicas y axiomáticas, conforme al modelo de la
geometría de Euclides. Advirtió que la teoría cartesiana de las dos sustancias
creaba un problema insoluble sobre cómo interactúan la mente y el cuerpo; llegó
a la conclusión que el único sujeto último de conocimiento ha de ser la
sustancia en sí. Al intentar demostrar que Dios, la sustancia y la naturaleza
son idénticos, llegó a la conclusión panteísta de que todas las cosas son
aspectos (o modos) de Dios.
Su respuesta al problema mente-cuerpo (conocida como
la teoría del paralelismo psicológico) explicaba la aparente interacción de
mente y cuerpo al considerarlos como dos atributos de la misma sustancia,
paralelas entre sí, que parecen afectar la una a la otra pero que en realidad
no lo hacen. La ética de Spinoza (patente en una de sus principales obras, Ética),
al igual que la de Hobbes, se basaba en una psicología materialista según la
cual los individuos sólo están motivados por el interés propio; pero al
contrario que Hobbes, Spinoza llegó a la conclusión que el interés propio
racional coincide con el interés de los demás y que la vida más satisfactoria
es la que se dedica al estudio científico y que culmina en el amor intelectual
y racional hacia Dios (amor Dei intelectuallis).
5.1.4. Locke
John Locke, una de las figuras más
influyentes del pensamiento británico, enriqueció la tradición empirista
iniciada por Bacon. Dotó al empirismo de un marco sistemático gracias a la
publicación de su Ensayo sobre el entendimiento humano (1690). Locke
atacó la creencia racionalista predominante de que el conocimiento era
independiente de la experiencia. Aunque aceptó la división cartesiana entre
mente y cuerpo y la descripción mecanicista de la naturaleza, reorientó la
filosofía desde el conocimiento del mundo físico hacia el estudio de la mente.
Con esto hizo de la epistemología el principal objeto de interés de la
filosofía moderna. Locke intentó reducir todas las ideas a simples elementos de
la experiencia, pero al distinguir entre sensación y reflexión como fuentes de
la experiencia, determinó que la sensación provee el material para el
conocimiento del mundo externo y la reflexión aporta el material para el
conocimiento de la mente.
Aunque no fue un escéptico, Locke gozó
de gran influencia en el escepticismo del pensamiento británico posterior al
reconocer la vaguedad de los conceptos de la metafísica y señalar que las
deducciones sobre el mundo al margen de la mente no pueden ser probadas con
certeza. Sus escritos éticos y políticos (principalmente Tratados sobre el
gobierno civil) tuvieron también mucha influencia en el pensamiento
subsiguiente; los fundadores de la moderna escuela del utilitarismo, que en
síntesis hicieron de la felicidad para el mayor número de personas la medida
del bien y del mal, se inspiraron en sus escritos. Su defensa del gobierno
constitucional, de la tolerancia religiosa y de los derechos naturales de los
individuos marcó el desarrollo del pensamiento liberal en Francia, Gran Bretaña
y Estados Unidos.